miércoles, 30 de julio de 2008

EL TALENTO ES UN INCONVENIENTE MUY SERIO


EL TALENTO ES UN INCONVENIENTE MUY SERIO
Larra dijo que “escribir en España es llorar”, cita que los escritores nombramos con frecuencia, porque la situación no sólo no ha cambiado desde el XIX, sino que ha empeorado de modo fatal. Contemporáneamente, los dispendios de algunas editoras malvadas, presuntuosa y altaneras se financian sobre el sufrimiento y el talento de los escritores que ellas contratan como ganado, de ahí que España se haya convertido en el furgón de cola literario del mundo civilizado, con la paradoja de que nuestros negocio editorial es tan importante que alcanza el 1,2% del P.I.B. pero no paga a los escritores. EN ESPAÑA NADIE PODRÍA DEDICARSE A IMAGINAR MUNDOS PROPIOS EN SERIE, PORQUE LAS EDITORAS EXIGEN QUE SUS ESCRITORES CONTRATADOS VIVAN DE OTRAS PROFESIONES (como si escribir fuera cultivar rábanos en el jardín) Así, es imposible que nadie pueda dedicarse a inventar un universo como el de Tolken o, más modernamente, como Harry Potter. Stefen King sería completamente imposible en España, porque no podría dedicarse a escribir con las mezquinas migajas racionadas por la editorial y su contable. Así, nuestra poderosa industria editorial se basa en un vergonzoso traducir de títulos extranjeros. A los españoles, que nos den por saco. Ya nunca surgirá un premio Nobel español.
¿Pero es que el talento significa algo en España? Si usted propone a una televisora UNA IDEA ORIGINALÍSIMA PARA UNA SERIE O UN PROGRAMA, se lo rechazarán aduciendo que “eso no lo ha hecho nadie en el extranjero”. Siempre, siempre, a diario, en España se paga el talento de norteamericanos, ingleses y franceses pero nadie quiere pagar el talento de un español. Es más, si una persona con talento trata de conseguir meter un pie en alguna parte, el teórico contratante se lo impedirá con todas sus armas “no sea que trate de superarme a mí”.
En el terreno de la creación pura, como es evidentemente el caso de la literaria, las cosas son peores. Si una editora contrata a un escritor, que es la única materia prima de su negocio, espera que él se dedique a cualquier cosa que no le haga necesitar el dinero de los libros y decida permanecer fuera y exento del negocio, ya que la editora siempre estafará los derechos de autor y lo conseguirá siempre, y no le puede permitir que el escritor llegue a percatarse. Normalmente, a los escritores nos preguntan cómo nos ganamos la vida. Pero si por accidente y sin darse cuenta de que el hombre ama sus creaciones y no tiene otra cosa, ni se le pasa por la imaginación, la editora contrata a uno con un mínimo de verdadero talento, al darse cuenta le infligirá, como a mí, todas estas barbaridades, vejaciones y mostruosidades:
MALTRATO DE LA EDITORIAL DESDE EL PRIMER MOMENTO: No fueron enviadas las invitaciones a las 200 personas de una lista que entregué a la editorial con tal propósito, según me habían pedido la amada jefe de prensa. En la presentación del primer libro con esta editorial, “Oro entre brumas”, la atolondrada encargada de prensa sólo mandó las invitaciones de otra lista aparte, reducida, con la relación de los informadores e instituciones a los que yo sugeriría que se les obsequiase el libro. Estas personas recibieron la invitación, aunque no todas el libro, pero ninguno de mis amigos íntimos pudo asistir por no haber recibido invitación, ya que no supe el día exacto ni la hora con tiempo suficiente y no pude comunicarlo personalmente a tantos. Ni tampoco pudieron venir de Málaga personas que habían prometido hacerlo. Ante tanta ineptitud e ineficacia en lo que debía ser el arranque feliz de una nueva firma en la empresa, este escritor no se daba cuenta de que había comenzado por parte del contable llamado Ángel Molina el robo sistemático para la editorial (y eso sí, muy eficaz) de mis derechos de propiedad intelectual.
En el negocio editorial el escritor es la materia prima. Según el sentido mercantil de las empresarias editoriales –antiguas comerciantas de las cosas más variopintas- (ya no hay libreros en el sentido culto del término); los escritores somos los campesinos cultivadores de tomates del negocio. Como en la agricultura, son los intermediarios quienes se llevan la parte del león dominante. Del precio de un libro, el reparto teórico es 10% para el autor(¡), 30% para la editorial y 60% para el distribuidor y los márgenes de venta al público. Para las editoriales, que son las que tienen por el mango la sartén clave, es una tentación muy fuerte –e irresistible aunque delictiva-aumentar sus rendimientos un 25% robando a los escritores su parte. ESTA PRÁCTICA SE DA ÚNICAMENTE EN ESPAÑA ENTRE LOS PAISES ASOCIADOS. Los países civilizados respetan reverencialmente los derechos de propiedad de los escritores y por eso maduran en el extranjero carreras literarias que en España son imposibles, pues ellos se dedican a crear en vez de dedicarse como los escritores españoles a pensar todos los días en cómo sobrevivir malamente. Puesto que hay una Ley de Propiedad Intelectual, esta práctica editorial es completamente ilegal, pero el ministro de Industria y Comercio, encargado de vigilar con rigor la ley, hace la vista gorda.
COMIDA PARA LIBREROS, EN HONOR DE OTRO ESCRITOR. Las dos enamoradas me invitaron como segundón a un almuerzo dedicado a un escritor que no vendió nada, y para colmo la jefe de prensa me humilló. Nunca jamás ha organizado la editora para mí una comida con libreros, como ha hecho con otros muchos de sus autores. Al principio, estando la editorial muy feliz por la “captación” del escritor citado, le editó un libro infame que no se vendió pero le organizó un almuerzo muy lujoso, con unos cincuenta libreros de Madrid. Durante los postres, al tener que ausentarse ese escritor, y para rellenar la espera, la editora me incitó a hablar como sustituto segundón. Cuando estaba hablando con los libreros, llegó la jefe de prensa, me interrumpió y me dijo al oído que tenía que decirme algo MUY URGENTE SOBRE TELEVISIÓN y que saliera con ella. Salí al vestíbulo, donde me mandó que llamara a un periodista amigo suyo que, por estar copeando con la plana mayor de Zeta (con quienes su jefa-amante está enfrentada), ella no quería acercarse. No me dio ninguna excusa por haberme interrumpido ni dio trazas de advertir la vejación que me estaba causando. Ineptitud, torpeza y mala educación la de la muchacha, pero enorme aptitud y eficacia la que seguía demostrando el contable de la editorial, Ángel Molina, para robarme mis derechos de propiedad intelectual.
LANZAMIENTO DE LA DESBANDÁ con material promocional editado como si fuera novela anónima, sin publicar mi nombre. No recibí explicación alguna ni las satisfacciones correspondientes por esa situación tan insultante de que mi nombre fuese escamoteado de los carteles. Mis amigos periodistas de Málaga me hicieron avergonzar con las chanzas con que se ensañaron conmigo por la omisión de mi nombre. La fotografía personal incluida en el libro ha sido criticada en toda España como elegida por mi peor enemiga. Mis amigos abogados me sugirieron entonces elaborar una lista de agravios, porque “algún día tendrás que demandar a esta editorial, puesto que atenta continua y gravemente contra tus derechos de autor”. Agravios, irrespetos y atentados contra mis derechos de autor, que se sumaban a la alquimia contable que Angel Molina, por mandato de la editora, realizaba para robarme mis derechos de propiedad intelectual.
PRESENTACIÓN Y FIRMA DE LOS PERGAMINOS CÁTAROS. Presentación en el Hotel Las Artes, de Madrid. Hubo que implementar de urgencia el triple de las escasas mesas dispuestas inicialmente, a causa de la cantidad de periodistas que acudieron. Tales periodistas recibieron como “dossier” unas groseras hojas grapadas, muy cutres, sin carpeta. Uno de los periodistas presentes me preguntó en rueda de prensa (delante de la editora y de su amada jefe de prensa): “¿Cómo encaja un escritor de su categoría que su editorial lo trate como a un autor segundón e irrelevante?” Contra el uso normal, no entregaron a ninguno de los periodistas presentes ejemplares de ese libro que, teóricamente, debían comentar. El estupor del informador no pudo ser complementado con el que seguramente habría sentido al conocer que yo, el elaborador único del producto, estaba sofriendo el robo total de mis derechos de propiedad intelectual.
Durante una firma en la ciudad de León, realizada en mitad de la calle, estaba sentado en una mesa junto a otras personas que hacían manualidades. Ningún cartel avisaba de que allí esperaba un autor para firmar un libro. Ninguna identificación. Ninguna mención de “Los pergaminos cátaros”. En la presentación realizada en el Aula de Cultura de El Corte Inglés de Serrano, en Madrid TAMPOCO HUBO MATERIAL PROMOCIONAL ALGUNO APORTADO POR LA EDITORIAL.
Como yo preguntaba siempre por qué pasaban esas cosas tan raras, la idolatrada jefe de prensa –indignada por mi “insolencia”- durante 2004 y 2005 NO respondió ninguno de mis correos e-mail, donde a veces le hacía preguntas de impostergable respuesta. Por ejemplo, sobre las cuentas imposibles que estaban presentándome, elaboradas por el contable de la editorial, Angel Molina, que siempre que lo llamaba para consultarse se situaba en una peana altísima de su superioridad “institucional” dentro de la empresa. Esta empresa editorial (no sé si todas) tiene un orden de prelación muy particular, en el que el creador-productor de los libros es el último e insignificante mono de la macroestructura, sin derecho ni a abrir la boca.
HUMILLANTE VIAJE A SEVILLA La amada jefe de prensa de la editora me ORDENÓ viajar a Sevilla para una acto en El Palenque, de presentación publicitaría de la Junta de Andalucía, asegurándome que una señora acudiría a recibirme. Nadie vino a recibirme. Mi presencia en el auditorio era de relleno. Tanto así, que viendo el realizador que el local estaba ocupado sólo en un tercio y siendo retransmitido por televisión, salieron autobuses a recoger gente por las calles a fin de rellenar las gradas. Estando gravemente enfermo de diabetes, necesito comer sin falta a mis horas. La JEFE DE PRENSA ME HABÍA ASEGURADO QUE ME INVITARÍAN A CENAR. No fue así. Cuando fue abierto un bufé en el entreacto, se llenó a tal punto por la gente recogida de la calle, que ni siquiera pude entrar al local “vip”. Ni tampoco otro autor llegado de Málaga. De vuelta en Madrid, tuve que ingresarme, profundamente descompuesto. Ya ENTONCES, SE HACÍAN SENTIR LOS ROBOS SISTEMÁTICOS QUE HACÍA EL CONTABLE DE LA EDITORIAL DE MIS DERECHOS DE AUTOR, pues me veía obligado a vivir más que modestamente, miserablemente. A mediados de nuestra relación profesional, la editorial me había situado ya con sus robos en un estado claro de indigencia.
Desde ese día, hace ya dos años, no he tenido ocasión ni ganas de hablar con esa señora tan eficiente.
En tanto que ella y su novia me infligían todas ésas y muchas más ofensas, se divertían en todo el mundo con el dinero que estaban robándome.
http://www.luismelero.com/
http://blogs.que.es/opinionluismelero/post
http://pesaresluismelero.blogspot.com/

martes, 29 de julio de 2008

EL TALENTO ES UN INCONVENIENTE MUJY SERIO

Larra dijo que “escribir en España es llorar”, cita que los escritores nombramos con frecuencia, porque la situación no sólo no ha cambiado desde el XIX, sino que ha empeorado de modo fatal. Contemporáneamente, los dispendios de algunas editoras malvadas, presuntuosa y altaneras se financian sobre el sufrimiento y el talento de los escritores que ellas contratan como ganado, de ahí que España se haya convertido en el furgón de cola literario del mundo civilizado, con la paradoja de que nuestros negocio editorial es tan importante que alcanza el 1,2% del P.I.B. pero no paga a los escritores. EN ESPAÑA NADIE PODRÍA DEDICARSE A IMAGINAR MUNDOS PROPIOS EN SERIE, PORQUE LAS EDITORAS EXIGEN QUE SUS ESCRITORES CONTRATADOS VIVAN DE OTRAS PROFESIONES (como si escribir fuera cultivar rábanos en el jardín) Así, es imposible que nadie pueda dedicarse a inventar un universo como el de Tolken o, más modernamente, como Harry Potter. Stefen King sería completamente imposible en España, porque no podría dedicarse a escribir con las mezquinas migajas racionadas por la editorial y su contable. Así, nuestra poderosa industria editorial se basa en un vergonzoso traducir de títulos extranjeros. A los españoles, que nos den por saco. Ya nunca surgirá un premio Nobel español.
¿Pero es que el talento significa algo en España? Si usted propone a una televisora UNA IDEA ORIGINALÍSIMA PARA UNA SERIE O UN PROGRAMA, se lo rechazarán aduciendo que “eso no lo ha hecho nadie en el extranjero”. Siempre, siempre, a diario, en España se paga el talento de norteamericanos, ingleses y franceses pero nadie quiere pagar el talento de un español. Es más, si una persona con talento trata de conseguir meter un pie en alguna parte, el teórico contratante se lo impedirá con todas sus armas “no sea que trate de superarme a mí”.
En el terreno de la creación pura, como es evidentemente el caso de la literaria, las cosas son peores. Si una editora contrata a un escritor, que es la única materia prima de su negocio, espera que él se dedique a cualquier cosa que no le haga necesitar el dinero de los libros y decida permanecer fuera y exento del negocio, ya que la editora siempre estafará los derechos de autor y lo conseguirá siempre, y no le puede permitir que el escritor llegue a percatarse. Normalmente, a los escritores nos preguntan cómo nos ganamos la vida. Pero si por accidente y sin darse cuenta de que el hombre ama sus creaciones y no tiene otra cosa, ni se le pasa por la imaginación, la editora contrata a uno con un mínimo de verdadero talento, al darse cuenta le infligirá, como a mí, todas estas barbaridades, vejaciones y mostruosidades:
MALTRATO DE LA EDITORIAL DESDE EL PRIMER MOMENTO: No fueron enviadas las invitaciones a las 200 personas de una lista que entregué a la editorial con tal propósito, según me habían pedido la amada jefe de prensa. En la presentación del primer libro con esta editorial, “Oro entre brumas”, la atolondrada encargada de prensa sólo mandó las invitaciones de otra lista aparte, reducida, con la relación de los informadores e instituciones a los que yo sugeriría que se les obsequiase el libro. Estas personas recibieron la invitación, aunque no todas el libro, pero ninguno de mis amigos íntimos pudo asistir por no haber recibido invitación, ya que no supe el día exacto ni la hora con tiempo suficiente y no pude comunicarlo personalmente a tantos. Ni tampoco pudieron venir de Málaga personas que habían prometido hacerlo. Ante tanta ineptitud e ineficacia en lo que debía ser el arranque feliz de una nueva firma en la empresa, este escritor no se daba cuenta de que había comenzado por parte del contable llamado Ángel Molina el robo sistemático para la editorial (y eso sí, muy eficaz) de mis derechos de propiedad intelectual.
En el negocio editorial el escritor es la materia prima. Según el sentido mercantil de las empresarias editoriales –antiguas comerciantas de las cosas más variopintas- (ya no hay libreros en el sentido culto del término); los escritores somos los campesinos cultivadores de tomates del negocio. Como en la agricultura, son los intermediarios quienes se llevan la parte del león dominante. Del precio de un libro, el reparto teórico es 10% para el autor(¡), 30% para la editorial y 60% para el distribuidor y los márgenes de venta al público. Para las editoriales, que son las que tienen por el mango la sartén clave, es una tentación muy fuerte –e irresistible aunque delictiva-aumentar sus rendimientos un 25% robando a los escritores su parte. ESTA PRÁCTICA SE DA ÚNICAMENTE EN ESPAÑA ENTRE LOS PAISES ASOCIADOS. Los países civilizados respetan reverencialmente los derechos de propiedad de los escritores y por eso maduran en el extranjero carreras literarias que en España son imposibles, pues ellos se dedican a crear en vez de dedicarse como los escritores españoles a pensar todos los días en cómo sobrevivir malamente. Puesto que hay una Ley de Propiedad Intelectual, esta práctica editorial es completamente ilegal, pero el ministro de Industria y Comercio, encargado de vigilar con rigor la ley, hace la vista gorda.
COMIDA PARA LIBREROS, EN HONOR DE OTRO ESCRITOR. Las dos enamoradas me invitaron como segundón a un almuerzo dedicado a un escritor que no vendió nada, y para colmo la jefe de prensa me humilló. Nunca jamás ha organizado la editora para mí una comida con libreros, como ha hecho con otros muchos de sus autores. Al principio, estando la editorial muy feliz por la “captación” del escritor citado, le editó un libro infame que no se vendió pero le organizó un almuerzo muy lujoso, con unos cincuenta libreros de Madrid. Durante los postres, al tener que ausentarse ese escritor, y para rellenar la espera, la editora me incitó a hablar como sustituto segundón. Cuando estaba hablando con los libreros, llegó la jefe de prensa, me interrumpió y me dijo al oído que tenía que decirme algo MUY URGENTE SOBRE TELEVISIÓN y que saliera con ella. Salí al vestíbulo, donde me mandó que llamara a un periodista amigo suyo que, por estar copeando con la plana mayor de Zeta (con quienes su jefa-amante está enfrentada), ella no quería acercarse. No me dio ninguna excusa por haberme interrumpido ni dio trazas de advertir la vejación que me estaba causando. Ineptitud, torpeza y mala educación la de la muchacha, pero enorme aptitud y eficacia la que seguía demostrando el contable de la editorial, Ángel Molina, para robarme mis derechos de propiedad intelectual.
LANZAMIENTO DE LA DESBANDÁ con material promocional editado como si fuera novela anónima, sin publicar mi nombre. No recibí explicación alguna ni las satisfacciones correspondientes por esa situación tan insultante de que mi nombre fuese escamoteado de los carteles. Mis amigos periodistas de Málaga me hicieron avergonzar con las chanzas con que se ensañaron conmigo por la omisión de mi nombre. La fotografía personal incluida en el libro ha sido criticada en toda España como elegida por mi peor enemiga. Mis amigos abogados me sugirieron entonces elaborar una lista de agravios, porque “algún día tendrás que demandar a esta editorial, puesto que atenta continua y gravemente contra tus derechos de autor”. Agravios, irrespetos y atentados contra mis derechos de autor, que se sumaban a la alquimia contable que Angel Molina, por mandato de la editora, realizaba para robarme mis derechos de propiedad intelectual.
PRESENTACIÓN Y FIRMA DE LOS PERGAMINOS CÁTAROS. Presentación en el Hotel Las Artes, de Madrid. Hubo que implementar de urgencia el triple de las escasas mesas dispuestas inicialmente, a causa de la cantidad de periodistas que acudieron. Tales periodistas recibieron como “dossier” unas groseras hojas grapadas, muy cutres, sin carpeta. Uno de los periodistas presentes me preguntó en rueda de prensa (delante de la editora y de su amada jefe de prensa): “¿Cómo encaja un escritor de su categoría que su editorial lo trate como a un autor segundón e irrelevante?” Contra el uso normal, no entregaron a ninguno de los periodistas presentes ejemplares de ese libro que, teóricamente, debían comentar. El estupor del informador no pudo ser complementado con el que seguramente habría sentido al conocer que yo, el elaborador único del producto, estaba sofriendo el robo total de mis derechos de propiedad intelectual.
Durante una firma en la ciudad de León, realizada en mitad de la calle, estaba sentado en una mesa junto a otras personas que hacían manualidades. Ningún cartel avisaba de que allí esperaba un autor para firmar un libro. Ninguna identificación. Ninguna mención de “Los pergaminos cátaros”. En la presentación realizada en el Aula de Cultura de El Corte Inglés de Serrano, en Madrid TAMPOCO HUBO MATERIAL PROMOCIONAL ALGUNO APORTADO POR LA EDITORIAL.
Como yo preguntaba siempre por qué pasaban esas cosas tan raras, la idolatrada jefe de prensa –indignada por mi “insolencia”- durante 2004 y 2005 NO respondió ninguno de mis correos e-mail, donde a veces le hacía preguntas de impostergable respuesta. Por ejemplo, sobre las cuentas imposibles que estaban presentándome, elaboradas por el contable de la editorial, Angel Molina, que siempre que lo llamaba para consultarse se situaba en una peana altísima de su superioridad “institucional” dentro de la empresa. Esta empresa editorial (no sé si todas) tiene un orden de prelación muy particular, en el que el creador-productor de los libros es el último e insignificante mono de la macroestructura, sin derecho ni a abrir la boca.
HUMILLANTE VIAJE A SEVILLA La amada jefe de prensa de la editora me ORDENÓ viajar a Sevilla para una acto en El Palenque, de presentación publicitaría de la Junta de Andalucía, asegurándome que una señora acudiría a recibirme. Nadie vino a recibirme. Mi presencia en el auditorio era de relleno. Tanto así, que viendo el realizador que el local estaba ocupado sólo en un tercio y siendo retransmitido por televisión, salieron autobuses a recoger gente por las calles a fin de rellenar las gradas. Estando gravemente enfermo de diabetes, necesito comer sin falta a mis horas. La JEFE DE PRENSA ME HABÍA ASEGURADO QUE ME INVITARÍAN A CENAR. No fue así. Cuando fue abierto un bufé en el entreacto, se llenó a tal punto por la gente recogida de la calle, que ni siquiera pude entrar al local “vip”. Ni tampoco otro autor llegado de Málaga. De vuelta en Madrid, tuve que ingresarme, profundamente descompuesto. Ya ENTONCES, SE HACÍAN SENTIR LOS ROBOS SISTEMÁTICOS QUE HACÍA EL CONTABLE DE LA EDITORIAL DE MIS DERECHOS DE AUTOR, pues me veía obligado a vivir más que modestamente, miserablemente. A mediados de nuestra relación profesional, la editorial me había situado ya con sus robos en un estado claro de indigencia.
Desde ese día, hace ya dos años, no he tenido ocasión ni ganas de hablar con esa señora tan eficiente.
En tanto que ella y su novia me infligían todas ésas y muchas más ofensas, se divertían en todo el mundo con el dinero que estaban robándome.
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